11S, 11M, y julio del 2005. Estas fechas marcaron un antes y un después en el panorama internacional. Los ataques terroristas acaecidos en New York, Madrid y Londres provocaron la implantación de férreas medidas de seguridad tanto en aeropuertos como en estaciones de tren.
El ejemplo más destacado fue el de Londres, que tras las nuevas amenazas ante un posible atentado en el aeropuerto de Heathrow ( en la cadena de vuelos entre el Reino Unido y EEUU empleando explosivos líquidos) el pasado agosto, se endurecieron las medidas de seguridad implantadas. Miles de vuelos retrasados, controles de seguridad eternos y pasajeros obligados a introducir sus objetos personales en bolsas transparentes. Tras este revuelo, la normalidad volvió en las siguientes semanas.

Tras estos acontecimientos, la Comisión Europea ha decidido fijar unos límites en cuanto a la cantidad máxima de líquido permitido. El tamaño del equipaje de mano no sobrepasará las siguientes medidas: 56-45-25 cm. Además, continuarán siendo restrictivos en lo que respecta al transporte de elementos cortantes (cuchillas, corta uñas...).
Por otro lado, los investigadores británicos de la University College de Londres han desarrollado un chip que permitirá conocer la posición exacta de los pasajeros una vez hayan facturado su maleta.Actualmente este dispositivo se encuentra en periodo de prueba en el aeródromo comercial de Debrecen. Sin embargo, todavía surgen problemas como la posibilidad de intercambio de los chips entre los viajeros.
La polémica está servida. Volar se está convirtiendo en una odisea, y como decía al inicio, ¿ el volar se va a acabar?
Irene Pedruelo


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